Con calma

on 20 de febrero de 2012

Vengo muriéndome desde que tengo uso de razón, y quizás desde antes; aunque no pueda hacer precisiones al respecto. En la infancia, los síntomas eran demasiado difusos para considerarlos seriamente; te cortaban el pelo, las uñas o la paga y volvían a crecer; te decían: ¡Te vas a matar con ese patinete!, y tras varios porrazos memorables, resurgías como un ave Fénix con las rodillas en carne viva y pidiendo más.

Si te sentías morir, en el paroxismo de alguna angina o gripe virulenta entre delirios, no te daba tiempo a hacerte a la idea, y una buena mañana te despertabas con hambre y ganas de tripular una nave espacial, aunque para el cole, no estuvieras aún bien del todo. Con tantas cosas por hacer, ¿quién tiene tiempo para la fatalidad, hacer la cama o una regla de tres compuesta?

Aquella sensación de inmortalidad, ayudaba sin duda a la confusión y la esperanza. Andando el tiempo, uno se moría de ganas, de amor o de aburrimiento; pero eran muertes pasajeras, de escasa entidad, que sucumbían ante cualquier nuevo entusiasmo; esta palabra: "entusiasmo", es de origen griego y quiere decir: estar inspirado por los dioses. Los dioses pues, se encargan de las materias vitales, dejando los temas mortuorios a los especialistas del mal; aunque reclamen "in extremis" el alma de los difuntos. A esta altura, muchos pensarán que tengo un cacao considerable con las religiones, y lo asumo con toda la deportividad de que soy capaz. La cuestión es: si hubiera diezmil dioses más, o menos, ¿no nos moriríamos igual?

Creo que fue Jaime Gil de Viedma el que se percató de que "... la vida iba en serio...", cuando veía de lejos su juventud. Como todos los que, por edad o infortunio, han tenido que despedir a sus mayores y pares, los antiguos inmortales, saben que portan la semilla de una eternidad cuajada de olvido. Se hacen cautos, taciturnos, y están atentos a cualquier circunstancia que pudiera ser una grieta en sus debilitadas murallas.

Sí, es un viaje comenzado hace mucho; mas hay un punto, en el que conocemos con certeza el destino, quizás por eso es que ya no hay tanta prisa.

4 comentarios:

Reyes dijo...

Cada vez escribe Ud. mejor.
Un texto como una joyita.
Y ahora me voy a seguir vigilando mis murallas,me ha parecido ver una pequeñísima grieta ...
besos.

Resquicios dijo...

Soy de las que creen que mientras vivimos no somos conscientes y que dicha característica se adquiere sólo en esos otros momentos en que parece que todo se para y lo tan vivido y disfrutado pasa, para dar llegada a la monotonía donde volver a disfrutar lo recordado o soñado…

Su escrito es bello y dolorosamente certero: sin aspavientos ni melodramas, como sólo la perspectiva de la edad- que no tengo- permite expresar.

http://www.youtube.com/watch?v=pZt9vBZr4Kg&feature=related

Pombolita dijo...

Pues no parece que haya progresado mucho en eso de morirse y no sabe como me alegro. Me he leído los cuatros posts de un tirón y le leo muy en forma, me han gustado todos con lo que no se que decir...que muy bien, que siga así.... y haga el favor de no desaparecer por tanto tiempo, yo me preocupo y estoy segura que otros también.
Que estoy contenta, vaya.

Sole dijo...

Entusiasmo sería la palabra clave para vivir eternamente hasta el final, incluyendo los cacaos mentales pues estos, en realidad, no hay dios que nos los evite.

bSoS.